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Gigantes y Molinos

Acéptalo, en ocasiones, los gigantes que ves no son molinos. 

Quizás no esté de moda, o parezca poco motivador que empecemos este post hablando de cómo la realidad no siempre es la que deseamos, ni podemos moldearla a nuestro gusto,  y de cómo nosotros no siempre tenemos la fuerza que deseamos ni podemos generarla a nuestro gusto. 
Hoy vamos a hablar de un término: aceptación, que es la base de nuestro bienestar y crecimiento personal y por ende profesional. Sí, aunque no lo parezca.
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Aceptación, qué y porqué.

Aceptación no significa ver siempre gigantes, significa dejar nuestra mente abierta a pensar que pueden existir, y que cada uno tiene sus propios gigantes. “Todos tenemos problemas” es una frase que utilizamos demasiado y que es cierta sólo a medias:  todos tenemos problemas pero los mismos problemas no tienen el mismo tamaño para todo el mundo y por tanto no todos podemos afrontarlos de la misma manera. ¿O es lo mismo un pequeño arañazo en una piel curtida que en una quemada?

Aceptación no significa rendirnos ante los gigantes, significa pensar una estrategia, unas veces para convivir con ellos y otras para luchar contra ellos, pero teniéndolos reconocidos. ¿O puedes enhebrar una aguja sin verla ni palparla?

En ocasiones perdemos nuestra buscada felicidad porque nuestro mundo no es el que deseamos y/o porque no nos vemos con fuerzas para cambiarlo. Como trabajadores cada día llegamos a nuestro trabajo y no siempre es el trabajo ideal ni podemos lograr que lo sea, cada día volvemos a nuestras casas y no siempre nos espera una familia feliz y sin preocupaciones, cada día hacemos ejercicio para lograr que nuestro cuerpo esté sano, pero no siempre ocurre así.

Entonces nos empoderan intentado hacernos ver que nuestros gigantes son sólo pequeños molinos, y nos tachan de quijotes. ¿Es esa la llave que nos abre las puertas de la solución? La realidad decide en muchas ocasiones, y la realidad a veces se empeña en mostrarnos gigantes. Nuestro valor está en reconocerlos y aceptarlos para dotarnos de las armas que nos permitan mantenerlos a distancia. Ni quijotes ni con los ojos vendados.

Porqué la aceptación es una buena estrategia.

¿Es una buena estrategia pensar que todo depende de nosotros y que podemos con todo  si queremos? ¿Podemos creernos capaces de convertir siempre los gigantes en molinos? En los últimos años hemos puesto en lo que los psicólogos llamamos “locus de control interno” la razón y la justificación de nuestras razones. Todo depende de nosotros: la solución y la no solución.

La realidad es que luego nos encontramos  personas con situaciones que por un lado padecen, y por otro lado se sienten culpables por no poder evitar padecer. Hemos puesto ante sus ojos un ejercicio olímpico de salto con pértiga, como si fuera tan fácil para todo el mundo, o como si cualquiera entrenando pudiera ganar el oro: pero no todos los que entrenan lo ganan, ni todos tan siquiera lo pueden entrenar.

Desde la psicología sabemos que un locus de control interno puede resultar tan “asesino” del bienestar personal como un locus de control externo (creer que nada depende de mi) “asesino de la mejora y el crecimiento personal”.

¿Cuántas veces la vida nos reorganiza nuestra agenda? ¿Cuántas veces los tiempos no se corresponden con las necesidades, y las necesidades ahogan nuestros tiempos? ¿Cómo hacemos para convertir los “golpes de la vida” en reacciones y no en hundimientos? ¿Alguien cree que puede tenerlo todo previsto? ¿Cuánto tiempo perdemos intentando disfrazar nuestros gigantes de molinos?

Quizás no necesites a tu lado, en tu vida y en tu trabajo, personas que no sufran, que no se sientan mal, que no reconozcan momentos de bajón. Quizás no necesites a tu lado personas que no vean baches en los caminos porque quizás lleguen más tarde y más heridos que los que han sabido verlos y bordearlos.

¿Qué pasa cuando las personas se dan cuentan de que “no todo es posible”, “no todo es controlable”, “no todo es satisfactorio”?

Es aquí cuando volvemos a la palabra mágica de esta semana: aceptación

La aceptación es el primer paso para el cambio. No significa que estemos satisfechos con las cosas como son, no significa tampoco que nos resignemos. Es respeto por las personas y las circunstancias que no son como queremos que sean.

La aceptación es supervivencia. Porque sólo cuando sabes que estás en una isla sin recursos, haces por sentirte feliz y subsistir en ella, porque no puedes ser un superviviente con una copa de cava en alto esperando al camarero de quién sabe qué resort.

Aceptación significa entender que si somos David ante un Goliat, necesitamos una piedra, no alguien que nos muestre cómo luchar cuerpo a cuerpo.

La aceptación es la base para construir algo distinto a partir de reconocer lo que tenemos, fuera y dentro de nosotros.

¿Empezamos por aceptar y aceptarnos?

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