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¿Te has dejado algo hoy en casa?

Me levanto, me doy una ducha, desayuno, me visto y voy a trabajar. Miro a ver si he cogido todo lo que necesito: las llaves del coche, la cartera, el coche… Llego a mi trabajo y pongo el dedo para fichar. Sí, ya estoy en mi trabajo. Mis compañeros me ven, mi silla me padece y el teclado de mi ordenador siente cómo le teclean. Parece que todo está perfecto.
Al cabo de un rato me doy cuenta de que algo no va bien.
Mi trabajo no avanza, o al menos no como debería. Los demás aún no se han dado cuenta, aunque no cabe duda que, si esto sigue así, tanto ellos como la empresa terminarán siendo los destinatarios de ese “algo” que no va bien.
¿Qué me está ocurriendo? Mis problemas, mis dificultades… han obligado a mi cabeza a quedarse en casa, paralizada, o, en el mejor de los casos, buscando una solución que tarda en llegar sin ayuda. Sí, yo he venido, pero una parte se ha quedo a solucionar todo lo que tengo pendiente, todo lo que me preocupa. Llevo ya tres horas presente en mi puesto, pero mi mente sigue en casa…
OLVIDAR COSAS ESTRES

El pequeño relato con el que hemos empezado este post es cada vez más habitual en nuestro entorno profesional. Nuestros trabajos suponen una alta implicación no sólo física, sino también intelectual y emocional. Sin embargo las organizaciones no siempre tienen en cuenta la necesidad de promover en sus trabajadores un estado de bienestar que sea facilitador de esa necesaria implicación.
En cada vez más casos, se favorecen modelos de mejora integral que tienen en cuenta aspectos físicos e incluso intelectuales pero ¿qué pasa con las emociones? Las personas que forman parte de nuestros equipos viven y tienen emociones dentro y fuera de esos mismos equipos. ¿Qué ocurre cuando dentro y fuera de nuestra actividad profesional no tenemos las herramientas y habilidades suficientes para gestionar adecuadamente nuestras emociones?

Sabemos que cuando nuestro cerebro está en un momento de repunte emocional se produce una situación en la que le es casi imposible utilizar partes más racionales del mismo. Es lo que llamamos el “secuestro amigdalar”: los procesos emocionales pueden sustraer una parte tan elevada de nuestra capacidad cerebral, que no quedan recursos para focalizar en el razonamiento lógico, la creatividad.., o incluso las respuestas instintivas.

¿Has probado a hacer un cálculo, a crear una historia, a hacer una cama, a manejar un mando, en un momento de máxima agitación emocional? Inténtalo, te sorprenderá. Entonces, ¿puede afectar también ello a tu trabajo?

Cuando los componentes emocionales adquieren una intensidad elevada, termina afectando nuestro día a día profesional, tanto si las situaciones que los han desencadenado son personales como profesionales.
Como nos mostraba la persona que iniciaba este artículo, podemos estar en nuestro trabajo de una manera externamente comprobable, pero sin utilizar todos nuestros recursos intelectuales y motivacionales, porque los hemos dejado en otro lado.

En otros casos es aún peor, es decir, podemos traernos esos problemas al trabajo con el resultado no sólo de una falta de focalización en nuestras funciones, sino también de ser generadores de conflictos.
Además, estas situaciones tienen una capacidad especial, y es la de retroalimentarse. Es decir, poner medidas a tiempo, será esencial para favorecer su solución.

Entonces, ¿qué podemos hacer desde las organizaciones para ser facilitadores del bienestar de nuestros trabajadores a la vez que favorecemos cambiar el presentismo por una presencia real y positiva en la empresa? ¿Debemos buscar hacer algo?

Las empresas más avanzadas en gestión de recursos humanos, están dando pasos en esta línea. Hace pocos días veíamos como Facebook en sus oficinas que pondrá en marcha en Barcelona, ofrecerá a sus trabajadores la posibilidad de contar con apoyo emocional para gestionar sus situaciones diarias en el trabajo. Otras van más allá y, dentro de sus políticas de RSC, contemplan que sus trabajadores puedan contar con profesionales que les ayuden a gestionar situaciones también personales. Porque saben que lo personal, al final, también llega a la empresa.

¿Cambian estas empresas su actividad principal y dejan de ser empresas del metal, de las nuevas tecnologías, de la alimentación… para ser gabinetes psicológicos? No. Sólo saben que no les interesa tener trabajadores que simplemente estén, quieren que estén de verdad. Y para ello están poniendo también de su parte.

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